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Monólogo: Ir de bodas
 

muñecos de boda

Hay que reconocer que los monólogos tienen su gracia, sobre todo porque son muy realistas y sacan a la luz los más bajos instintos de la gente en momentos muy determinados, pensamientos que uno se guarda pero que gustaría soltar y decir en voz alta cuando algo te fastidia…

No soy mucho de ir a obras, tengo que reconocerlo, pero la vez que me regalaron unas entradas de teatro para asistir a una función en el que habían cinco monologuistas (creo recordar que eran 5) me reí como un descosido, y la verdad es que la sonrisa tonta me duró varios días, cada vez que me acordaba de detalles concretos.

No hace mucho os dejé un monólogo sobre los bares en España. Pues hoy me toca dejaros éste que he encontrado y con el que también me he reído bastante… y es que ¿quién no odia ir obligado a las bodas?

IR DE BODAS

Estoy “jarto”. Me acaban de dar otra invitación de boda, y es ya la tercera del año. ¡Será posible! Ésto es como cuando te encuentras con un papelito verde de multas en el cristal de tu coche. Ea, a soltar pasta, y encima a tener que aguantar el saludo de familia a la que hace años que no ves.

Y es que hay que ver cómo se les va la cabeza a la gente en las bodas. Empezando por las ropitas. Por Dios, esas mujeres que van disfrazadas de paquetes de caramelos, con lacito incluido… ¡y algunas hasta se ponen una fiambrera en la cabeza. Pero claro la sigues mirando y resulta que en la mano llevan un bolso que hasta parece una almeja metálica. Y encima ¡enana! ¿pero qué llevarán ahí? solo una compresa extraplana, fijo. Y además, sin alas, porque si fuera con alas asomarían…

Otra cosa que odio en las bodas es el tener que esperar. Siempre hay que estar esperando, hasta en la Iglesia. Cuando acaba la ceremonia, todos tenemos que salir como corderitos y ponernos en la puerta, con las manos sudando, y además, los puñados de arroz en ella. Vamos que cuando salen los novios, lo que les lanzas es arroz a la cubana. Y eso sin contar a los niños, que menuda mala leche tienen, que esos no es que lanzan, se que apuntan primero y se los tiran a la cara… “en el ojo, le he dado en todo el ojooo”… y el novio sonriendo mientras para sus adentros se acuerda de todos los padres, madres y abuelos de quienes les echan el arroz…

Y luego toca felicitarlo, y para eso cuando no eres amigo íntimo, y tienes que acercarte a la novia, a quien ni siquiera habías visto antes y al darle el beso de rigor tienes que presentarte…

“Sí, mujer, soy Pepe, el hijo de la Chonchi, la que se había peleado con tu tía”… y ella que hace como si se acordara…

“Ah, sí, encantada”

Y claro, piensas: “jo, si le llego a decir que me preste trescientos euros para comprarme la Wii seguro que también me dice…”

“Ah, sí, encantada”

porque es que ni se enteran quién les da el beso…

Y luego el banquete. Para empezar hay que ir al restaurante, y como siempre, la gente se reparte entre los coches y pillan al que va sólo en uno, como yo. Y a mí que siempre me tocan mis tías, y el coche que es de dos puertas, y tú qye las tienes que meter como buenamente puedes en el coche, empujándolas para que quepan, pero claro, con cuidadito de no empujarlas por el culo, hasta que al final caen toda desparramadas en el asiento de atrás, que hasta miras por el retrovisor y se te ponen los pelos como escarpias cuando hasta les ves las fajas. Y ellas venga a reirse…

“neneee, sube la ventanilla, que me despeinooo, jijiji. Pero niñooo, tú sigue al tío Juan, que él sabe el camino” (claro, y yo no, que soy tonto)…

Y la fila de coches, todos siguiendo al tío Juan y tocando el claxón detrás de los novios. ¡Qué bonitooo! y en ésto que el semáforo se pone en rojo, y zas, yo me quedo en el semáforo y el tío Juan lo pasa. ¡¡ Ya la líamos !!

Mis tías: “neneeee, que se te escapa el tio Juannn”, la otra tía “ya hos hemos perdido”… y lo peor es que encima de que llegas con la cabeza loca al restaurante, cansado y harto, llega el tío Juan y te dice, “pero neneee, donde te habías metido, joder”…

Eso sí, lo que nunca falla es el reparto de las mesas. Sí, sí, no me mirés con esa cara, que es así, ¿o es que nunca os habéis fijado que en todas las mesas siempre toca un idiota? pues esa es la mejor prueba de que todo está organizado. Eso sí, el resto es un descontrol absoluto. Ya te has sentado, llevas dos horas aguantando la charla de alguien a quien ni siquiera conoces (porque salvo el idiota, el resto todos están descolocados), y el chuletón que te toca aún sin llegar. Eso sí, en la otra punta del comedor, incluso, ya están repartiendo la tarta nupcial.

Por cierto, ¿nunca os habéis preguntado porque parten la tarta con un sable? pues yo también, pero no tengo ni idea, a menos, claro está, de que sea para tener un arma a mano por si aparece una tuna…

Ah, sí, sí. ¿y el video de bodas y el fotógrafo, qué? todo el mundo se piensa que le están haciendo un casting, vamos. El idio que se pone una servilleta en la cabeza para parecer gracioso, el tío Juan que se pone a canatar una jota (como en todas las bodas) mientras le hacen el video, y mi tía que se pone a decirle a la cámara “Hijos míos, queréos siempre y cuidaos. Respetáos para siempre…”

Y cuando ya ha acabado la “comida”, toca el puro y la típica tía que va con el paquete de peladillas envuelto en un tul y regalándoselo a todos los invitados. Y siempre, cigarrillos para ellas y puros para nosotros. Por Dios, sólo me faltaba ver a mi tía fumando como una porreta y echando el humo por la nariz. Pero si yo le pego tres caladas al puro y me vuelvo azul… y siempre está el graciosillo que me dice, “anda, hombre, dále otra caladita, toma, y una copa de coñac, para echarlo para dentro”

Y mientras, el tío Juan, que ya acabó la jota, ahora está puro en mano cantando: “la ‘ente ‘anta con ardorrr, que ‘iva Españaaa, nananana” 

Y al fin, llegan los novios y te preguntan, “¿qué tal, has comido bien?”, y los sonríes mientras para tus adentros te dices, que si a eso lo llaman comida, y que si he tenido que soltar pasta cuando pasaron con el trozo de corbata, y con el trozo de liga, y luego a la tuna… y encima, sentado al lado del bafle, que me ha dejado sordo, y del tío plasta ese que no sé quien es y que me ha contado la vida y obra de su abuela Antonieta…

Pero claro, les mientes y le dice que todo ha estado perfecto, y ellos, tan felices. Y así les empieza su vida de casados, con una mentira. La primera, claro… en fin ¡que vivan los novios!


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  1. al principio no le

    avia entendido

    pero le fui agarando la onda

    y x fin le entendi

    son lo mejor q e leido

    ya q todo lo q leo es

    aburrido gracias por aser la lectura

    graciosa Comentario por antoniio
    04-04-2011 @  17:06
  2. Hola, es genial,

    me encantan los monologos y sobre todo de bodasss,

    me recuerdan al la mia.

    Comentario por Calpurnia
    26-10-2011 @  18:39


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